Si no es tuyo, es de alguien.

¿Por qué tenemos candidatos chafas? Por que son un reflejo de lo que somos como sociedad.
Mientras tu y yo seamos chafas, eso es lo que reflejaremos y se nos devolverá como personajes
de imagen, sin contenido.

¿Alguna vez encontraste una cartera o una bolsa?, ¿lo devolviste? O te pasó como a mí que
pensaron que me lo robe y me arrepentí. O peor, te dijeron: ¡qué pendejo, devolviendo una lana
que se encontró!

La educación, para un buen propósito como sociedad, no depende de los maestros del SNTE o de la
maestra Gordillo. Ni del secretario de la SEP o de las promesas de EPN, o del amor de AMLO, o de
lo hipster que se muestre Quadri, o de las faldas con pantalones de JVM. Depende de lo que
aprendes en casa, con los padres, o de lo que le estás enseñando a tus hijos si ya eres padre
o madre.

La educación de México se da en los hogares. Lo que se aprende en la escuela es socialización y
capacitación.

Son los hogares mexicanos los que no están orientados a una formación para el desarrollo.

Ve el siguiente video y te sorprenderás, primero: viendo desde donde se obtuvo, de una
conferencia en el Congreso de la Unión. Y segundo: comparándonos como sociedad verás que somos
una mierda social. Así que cuando salgas a la calle, mira lo que somos. Deja de pensar que México
es el lugar más chingón del mundo, por que eso es un mito autocomplaciente.

En el momento que aceptemos lo que somos y nos propongamos metas realistas, como individuos y
como sociedad, el desarrollo se dará como consecuencia inevitable.

Quienes no se integren a un proyecto país viable basado en valores familiares, aceptando las
responsabilidades y obligaciones, dejando atrás la cantinela de los derechos, están destinados
al fracaso.

Dejemos de lado otro mito mexicano: el de la solidaridad. No somos un pueblo solidario. La
solidaridad es dar más de lo que te corresponde. Un santo chileno, el padre Hurtado, lo definía
así: Dar hasta que duela. Yo no soy santo ni tengo vocación para la santidad. No se tú. Así es
que yo entiendo la solidaridad como una acción des-interesada, equivalente a la cadena de favores. Como un círculo virtuoso. ¿Por qué no somos solidarios? Muy sencillo. Porque nuestra sociedad mexicana es lo antagónico: envidiosa.

A esta altura de la lectura me podrás decir que tenemos mucho de que estar orgullosos como país
y es cierto, pero te digo esto: aquello de lo que nos enorgullecemos ya estaba ahí, antes que
nosotros llegáramos. Yo te pregunto ¿qué has aportado tú a México para estar orgulloso de tu país? Esa es la verdadera meta que todos debemos tener como ciudadanos. Para ello debemos des-aprender el anti-valor de la envidia y aprender el valor de la solidaridad, dando lo que por responsabilidad nos corresponde y algo más. Saludando a tus vecinos, conociéndolos por nombre y apellido, invitándolos a tu cumpleaños, que se yo. Tu tendrás mejores ocurrencias que las mías si te lo propones; influyendo en tu medio social, más allá del medio familiar.

Es momento de ver un video muy interesante de: Carlos Kasuga Osaka. Presidente del Consejo
Directivo de Yakult S.A., mucho más interesante que mis palabras.

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